Seminario de la Asunción
 
 
 
 
Pascua de Resurrección
 
 
 
     
 

Inicio de la Cuaresma
en el Seminario Mayor Nacional de la Asunción.

Con el miércoles de ceniza, la Iglesia Católica inicia el tiempo de cuaresma. Esta práctica recuerda la fragilidad de la naturaleza humana y el continuo llamado que Dios nos hace a la conversión.

En nuestro seminario, la Eucaristía fue presidida por el Padre Rector, Ramiro González Camey, en la capilla de Cristo Crucificado de Esquipulas. Al recibir la ceniza sobre nuestras frentes, hemos escuchado que el sacerdote nos invita a convertirnos y creer en el evangelio. Estas palabras, deben resonar en nuestra mente y corazón durante todo este tiempo de cuaresma, para que al llegar a la Pascua, llenos de júbilo celebremos la gloriosa resurrección de Cristo, el Señor. No debemos olvidar, que es precisamente este el significado de la cuaresma: un camino de preparación hacia la Pascua; la Cuaresma no es, pues, fin en sí misma, sino que culmina y se perfecciona en la Pascua.

Por ello, para darle un verdadero sentido a este tiempo de gracia, tiempo favorable, debemos aprovechar todos los medios que la Iglesia nos ofrece para hacer realidad esta preparación:

a) La cuaresma es un tiempo de meditación en la Escritura. La verdadera imagen de la Iglesia en cuaresma no es solamente la de un pueblo que ayuna y llora, sino sobre todo la de una comunidad que se recoge en escucha orante de la Palabra de su Señor.

b) La lectura de la Palabra de Dios nos lleva a una intensa oración. La cuaresma es el tiempo especial en que debemos postrarnos ante el Redentor para orar sinceramente ante quien puede salvarnos.

c) La celebración Eucarística debe consistir el momento de máximo encuentro con el Dios de la vida. Por eso nuestra participación en la Eucaristía debe ser activa y plena en este sacramento que es fuente y cumbre de la vida cristiana.

d) La Cuaresma estimula en nosotros un trabajo personal colectivo de Ayuno. Un ayuno que no se reduce a la abstinencia de comer alimentos, sino más bien volver todo nuestro ser a Dios, tratando de limitar nuestras propias pasiones y placeres.

e) El ayuno debe llevarnos a la práctica de la caridad. No podemos asumir un ayuno como una forma de ahorro. La verdadera acción que agrada a Dios es que negándonos a nosotros mismos, seamos capaces de ver las necesidades de los demás, especialmente de los más pobres.

f) Finalmente, la cuaresma es un tiempo especial para acercarnos al sacramento de la Reconciliación. Tiempo de experimentar el amor y la misericordia de Dios que como un Padre, siempre nos espera como al hijo que regresa a casa.

 

Selvin Alva (Cuarto de Teología)

 
 
 
 
 
       
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