Seminario de la Asunción
 
 
 
 
Pascua de Resurrección
 
 
 
     
 
Decir Si, Hoy
 

¡Decir Si!, ¿Hoy?

Se ha escrito mucho sobre la vocación pero es mucho más grande el grupo de hombres y mujeres que a lo largo de la historia han dado un sí generoso y verdadero a la llamada de Dios. Después de aquellos grandes ejemplos de Vocación que nos presenta el Nuevo Testamento, como María y su entrega generosa; Pablo y su seguimiento radical, también posteriormente muchos han seguido las huellas de la santidad de vida.

 
 
 

Partimos de la llamada como un don gratuito de Dios al hombre, un don incomparable, es la vida que todos hemos recibido. Luego Dios nos va haciendo descubrir un nuevo camino. Se trata de aquel camino en el que es necesario emprender un ejercicio de discernimiento, es decir, el distinguir, el escuchar bien de donde viene esa voz que nos llama y hacia donde quiere que nos movamos.

Discernimiento
Hace unos días escuchaba un programa de radio, pero no lograba escuchar con claridad, otras emisoras provocaban interferencias, además de otros ruidos. Para deber de escuchar tenía que mover la antena para un lado y para el otro. Una vez estaba la antena en su lugar, en el lugar de la señal, allí sí puede escuchar perfectamente.

Esto mismo sucede con la llamada de Dios. Dios nos llama, se dirige a nosotros, pero al mismo tiempo existen otras llamadas, otros ruidos que no nos dejan escuchar esa llamada. Cada persona que experimente la llamada de Dios tiene la tarea de ponerse en camino y de descubrir el proyecto de Dios. Discernir la vocación es anteponer el proyecto de Dios a todos los proyectos personales y dejar que sea Él quien los dirija.

Aunque podemos encontrar malos ejemplos y que puedan ser conocidos por todos, también el en el silencio encontramos personas entregadas a su vocación, prestado un servicio sin ser anunciado en los periódicos. Ellos son los que mantienen viva la luz de la fe, esperanza y caridad y con su testimonio promueven más vocaciones para la Iglesia.

Todo ello nos lleva a decir que sí es posible responder positivamente a Dios. Basta con tener motivaciones fundadas en Jesús Buen Pastor, confiar plenamente en Él y estar dispuesto desde la propia libertad a dejarlo todo y seguirle.

Compromiso
No basta con decir sí y nada más. Decir sí implica un compromiso, primero consigo mismo, con la Iglesia y con Dios. Primero consigo mismo porque se trata de responder con libertad, con la Iglesia porque a ella se pretende servir y con Dios porque Él es el fin último del hombre y el origen de toda vocación.

Son muchos los que, hoy en día, tienen miedo de adquirir compromisos que duren. Quizá, por eso, cuesta responder cuando es Dios mismo el que nos llama a entregar toda una vida, por entero y para siempre por el Reino desde la vida consagrada o sacerdotal. El compromiso serio cuesta. A nadie le molesta ser radical solo por un día. Pero cuando se trata de más tiempo, allí sí lo pensamos dos veces.

Tal vez tú mismo tendrás la experiencia de haber descubierto algo que Dios te pedía y te h as preguntado ¿Aguantaré así toda mi vida? Aparece, entonces, el agobio y se opta por seguir viviendo como siempre. A todos nos gustaría ser ejemplo de solidaridad, de entrega, de amor. Pero nos cuesta darnos por entero. Nos gustaría exigirnos algo más. Y, sin embargo, nos resulta difícil dar el primer paso, lanzarnos, “salir de nuestra tierra”.

Dios confía en nosotros y nos sigue llamado y, paciente, espera nuestra respuesta. ¿Cuál es mi respuesta, ¿Cuál es tu respuesta? Jesús nos llama pero nos dice: “el que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios”

…mirar atrás es no responder cuando Dios nos llama.
…mirar atrás es ser buena persona ante algunos, pero no ante todos.
…mirar atrás es no querer dar más de lo que podemos.
…mirar atrás es pensar que Jesús no me puede hacer feliz.
…mirar atrás es contentarme con vivir mi vida desde lo mínimo.
…mirar atrás es abandonar cosas fundamentales para nuestra fe.
…mirar atrás es no confiar el la llamada de Dios.

Nos encomendamos en las manos de Jesús Buen Pastor, el dueño de la mies. Pedimos que se encienda en los jóvenes “la chispa divina de la vocación”. A María, Madre de las vocaciones, pedimos su intercesión para que como ella podamos decir siempre sí.

 
 
Por Abraham González (3ro. Teología)
 
 
 
 
       
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